Ariel mide un metro noventa por uno de ancho, es morochón, usa una boina de milico que mete miedo, siempre serio, te clava la mirada. Ariel es uno de los tipos más simpáticos que conozco, si te animás a hablarle claro. Es uno de los empleados de la guardia en el edificio.
El día después de habernos instalado, bajé a comprar unas cosas y ni bien me ve pasar me saluda y me da la mano. Casi me la rompen en cincuentaiocho partes cuando me la estrujó. Le cuento no sé qué cosa. Me dice, casi retándome, que puedo hablar más fuerte. Claro: le estaba susurrando. Los dos primeros días en el departamento, por el pánico de despertar a Olivia, nos la pasábamos hablando en voz bajísima, siempre con la tele sin volumen, caminando despacito para no hacer ruido.
Pero Ariel me mira, se ríe, y me dice: "Podés hablar bien acá, mirá que no hay ningún bebé".
3 *:
Ariel la tiene clarísima
fija que es uruguayo.
Con mi familia pensábamos lo mismo. Le preguntamos. Resultó ser entrerriano de Concordia. Casi.
Buen ojo el suyo!
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