la delgada línea entre un hamster sucio y una rata limpia

20.6.11

En la sala

Todavía hoy, a dos semanas del parto, B. tiene una cascarita un poco arriba de la muñeca izquierda, por donde le pusieron el suero en la sala de parto. Ella se la mira, se la acaricia, y me dice que se acuerda del nacimiento. De lo que no se acuerda mucho, me dice, es de cuando yo llegué, medio a las corridas, y entré a la sala. Tampoco se acuerda que precisamente la agarré la mano izquierda, cerca de donde le habían puesto la aguja.
Recuerdo que le pregunté si se sentía bien; en esos momentos no gritaba ni nada. La habían sedado un poco, y podía pujar sin dolor. Antes de entrar, había escuchado a la obstetra decir que ya le veía la cabecita. Una hora antes, yo estaba chequeando mails en la oficina. Entré cuando terminaba ese pujo.
En el segundo le ayudé a la partera asistente a levantarle la cabeza a B., para que pudiera pujar con más fuerza. Hizo fuerza, y mucha, porque ahí nomás salió la cabecita, mirando hacia abajo. La obstetra la giró hacia arriba y me dijo que pujara de nuevo, que ya estaba. Y así fue. Salió de un tirón, sin llorar. La pusieron sobre la panza de la mamá.
En eso la miro a la obstetra, la misma que habíamos visto esa mañana, y le digo: cómo andás, tanto tiempo".