Quedamos al revés. B. en su cama, claro, y yo en sofá cama de la habitación, pero con la cabeza donde van los pies y los pies donde va la cabeza. En el medio, estaba la cuna con Olivia, dormida. Durmió varias horas seguidas desde que la trajeron desde la sala de parto; los médicos nos contaron que es normal que los recién nacidos durmieran mucho las primeras horas. Quedamos al revés, porque de esa manera B. me podía avisar si necesitaba algo, porque con la cuna en el medio era imposible. Establecimos un código: ella se había traído la mantita que le pusieron cuando había nacido, y la tenía en su almohada. Cualquier cosa, para no levantar la voz, ella me la tiraba sobre la cara, desde el medio metro que separaba las dos camas. Al final no hizo falta, porque ante cada ruidito, tos, resoplido, ronquidito o lo que fuera, saltaba de la cama como un resorte y me fijaba que todo estuviera bien. Que fue básicamente así, porque Olivia durmió toda la noche. Estuvo también el temita de la teta, pero eso es otra historia.
1 *:
Que lindo es no? me hace acordar a cuando mi hermano era chiquito.
Debo agregar que me parece bellísimo el nombre Olivia.
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